Quizás lo que más me ha costado a la hora de escribir este artículo haya sido el título del mismo, y es que, realmente no considero a España un país poco innovador, sino con un modelo de trabajo y desarrollo que no es el más adecuado para el desarrollo de la innovación como merece los tiempos que corren. Hay un libro fantástico escrito por Jose Luis San Pedro, titulado “Economía Humanista”, este libro es una recopilación de sus artículos expuestos en sus clases de economía en la universidad, pues bien, uno de ellos trata sobre los movimientos sociales e industriales que ocurren en la Gran Bretaña posterior a la Segunda Guerra Mundial, sencillamente este artículo es brutal y nos viene a analizar cuáles son todos los factores socioeconómicos y geopolíticos que hacen que un país se construya de forma sistemática, continua y ordenada hasta convertirse de nuevo en una gran potencia. España después de su guerra civil y su dictadura consigue una transición no tan espontánea pero igual de compleja que los previos a los orígenes de la guerra, para los más perezosos o curiosos, hay un comic de Jose Pablo García que resume perfectamente y de forma brillante el libro de Paul Preston sobre la guerra civil española, podéis leerlo y ver la complejidad de los orígenes reales de la guerra. Esa transición es por lo tanto el resultado de una pluralidad de factores sociales, políticos y económicos, pero con un punto en común, la capacidad de mejora de cada uno de estos sectores y actores por un bien común. Esos sectores y actores que son protagonistas auto convencidos del cambio actual en España no tienen ni mucho menos los valores éticos y profesionales competentes para conseguir un bien común. Y más allá de como afecte a otros ámbitos del sistema, lo que tengo claro es que en ningún momento están ayudando a que España se convierta en un país innovador. Esta idea no quiere decir ni mucho menos que España no tenga innovadores sino que no viven en el entorno social óptimo para su desarrollo. La complejidad que nos caracteriza geográficamente, culturalmente y económicamente es una riqueza que más allá de aprovecharla se convierte en la mayoría de las ocasiones en un problema, que a su vez es aprovechado por los pseudo protagonistas políticos y gubernamentales para convertirlo en tema de debate. Todo esto hace que España no pueda ser nunca un Silicon Valley por mucho que lo intentemos.

Llevo unos años haciendo un ejercicio curioso: guardo en mis marcadores del buscador de google, las empresas denominadas startups o innovadoras que aparecen en revistas, blogs o periódicos como empresas con mucho futuro españolas, que suelen ser de jóvenes con ideas innovadoras y no tan innovadoras que han conseguido montar su proyecto con más o menos inversión. Pues bien, la mayoría de estas empresas al poco tiempo ya no existen cuando las busco, y esto puede ser debido a que hayan cambiado de nombre o página web, o lo que es más probable hayan dejado de existir. Los factores porque esto ocurre son complejos y no se puede llegar a conclusiones sin sentido, esta complejidad me recuerda sin duda al artículo de Jose Luis San Pedro que hemos mencionado anteriormente ya que debemos analizar varios factores que están haciendo que exista este problema en la sociedad española y que nombro a continuación:

a) El sistema político y de comunidades autónomas hacen suyo dos aspectos claves, uno la financiación para el emprendimiento y cómo lo canalizan según consideraciones propias sin sentido y lo que es peor, con una prepotencia cuasi divina del por qué se hace así. Mientras la canalización de las inversiones públicas de los contribuyentes no se hagan de forma correcta y directa o con motivos realmente estudiados y analizados el emprendimiento de España no funcionará.

b) Las grandes empresas se hacen dueñas de las ideas, no invierten como puede ser en Silicon Valley en los innovadores, sino que ellas mismas pretenden ser innovadoras. Esto hace que cientos de ideas sean mal copiadas y además se lleven a la sociedad de forma incorrecta y fracasen, luego es casi imposible volver a emprender con esa idea. Las grandes empresas de España deben apoyar a los innovadores y emprendedores, pero no a copiarles sus ideas y menos pretender en algunos casos ser su competencia.

c) Las formación de los emprendedores debe estar diseñada para cubrir las necesidades de sus proyectos y no al revés. Las grandes  Escuelas de Negocios ( por llamarlas de alguna manera) y las no tan grandes, deben apostar por diseños formativos basados en el emprendimiento activo y no teórico y previo. Los proyectos deben dejar fluir las ideas, las clases magistrales no valen para el emprendimiento, si pueden valer para otros perfiles académicos, pero no para innovar. Las universidades deben hacer lo mismo y los colegios y cualquier centro educativo que exista exactamente igual.

d) Los emprendedores de la sociedad española  y en este caso como en otras tantas, no deben tomar en consideración recomendaciones sin sentido, no deben creer que pueden ser los nuevos creadores de Facebook, eso no es así, y si se dejan guiar por conferenciantes, marketenianos, pseudos coachs ( por llamarlos de alguna manera), bloggers que no tienen otra cosa que escribir posts sin sentido, tienen bastante posibilidades de que no les sirva para nada esas ideas. Un emprendedor debe hacer uso de sus conocimientos y llevarlos a la práctica, debe hacer un buen estudio de mercado y un buen plan de venta, un emprendedor debe obviar las subvenciones para ver si su modelo de negocio es o no viable y debe tener muy en cuenta que debe desde el principio reducir las posibilidades de fracaso, para ello tiene que aislarse de lo anteriormente dicho e intentar buscar las fórmulas de trabajo que no se sientan apoyadas en ningún momento por la complejidad política y empresarial.

Compártelo!Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone