La connotación negativa de la palabra vendedor que se ha implantado en los últimos tiempos en nuestra sociedad debido  en muchos casos a su agresividad, a su falta de ética o a la poca valía del producto que nos vendían o del propio vendedor, ha hecho que nos cueste en estos momentos tener presente en nuestros negocios un plan comercial como tal. Nos gusta hablar más de Marketing, Socialmedia, o Responsabilidad social corporativa, y seguimos viendo al director de Marketing o Finanzas cómo alguien con más capacidad de toma de decisiones que un director de ventas. Esto nos puede llevar a no tener en cuenta en la estrategia de nuestra empresa al principal actor en el proceso, y que no es otro que el cliente.

Debemos empezar a cambiar por completo esta filosofía, y debemos trabajar muy mucho la venta en nuestras empresas. Y en ciertos sectores y quizás los que más lo necesiten, en estos momentos,  no son consciente de ello. A menudo estoy en contacto con colegios de abogados, arquitectos o ingenieros y dar a entender que ellos deben aprender a vender como cualquier otra empresa lo ven como algo llamémoslo poco lógico.

Pues es así, no hay más en la cesta, debemos salir a la calle a decir quiénes somos y que vendemos, y cuándo hablo de salir a la calle no me refiero a una puerta fría sin más, debemos estudiar los puntos y canalización de nuestro producto según el target o nicho que tengamos, y debemos tener para ello una premisa clara: “estrechar el margen entre producto y cliente gracias a nuestra venta”. Por ello tenemos que aprender a no sólo ya generar una estrategia de nuestra empresa, sino un plan de ventas y saber: qué tengo que vender, cuándo y cómo, cuáles van a ser mis previsiones, y si es viable o no, simplemente basarme en eso, y luego ver que herramientas necesito para conseguirlo. El Marketing debe apoyar todo ese sistema, pero debemos aprender a vender, a desarrollar un estilo de venta, a conocer quiénes son mis clientes, cómo tratarlos y cómo puedo venderles, y esa venta debe tener como clave hoy en día el trato a éstos, el servicio que les demos, y dar todo de nuestra parte para que  se sientan emocionalmente feliz, orgulloso, o seguro con lo que nos ha comprado.

Por lo tanto debemos ser consciente de la importancia de la venta desde el inicio hasta el final del proceso de nuestra estrategia empresarial. No hay que tener miedo a la palabra venta, disfrútala y tengamos claro que durante mucho tiempo cada producto o servicio que tengamos entre manos ,debe venderse, tenemos mucha competencia, pero también tenemos muchos posibles clientes, diferénciate y vende tu diferencia, da igual al campo a que te dediques profesionalmente y el perfil que tengas, recuerda: siempre tenemos clientes externos e internos.