Hay dos libros que estoy leyendo actualmente de forma paralela en los tiempos (pocos) libres que me permite mi trabajo y la aventura de ser padre de gemelos recién nacidos (el blog lo está notando). Uno de ellos es “ La física del futuro” de Michio Kaku, y otro es “Pensar rápido, pensar despacio” del premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman. Estos dos ensayos me están haciendo pensar una idea que no se me quita de la cabeza y que he ido intentando debatir con los alumnos en las clases MBA que he impartido este último mes en Coruña o Bilbao. La lectura de los dos libros de forma paralela me ha generado una duda que sin duda afecta al planteamiento de creación de modelos de negocios con la que actualmente trabajo, porque me he dado cuenta que ni siquiera una matriz DAFO o las cincos fuerzas Porter me ayudan a plasmar la cuestión que a continuación expongo; ¿Hasta qué punto cuando montamos un negocio pensamos en el futuro?, es decir qué tiene de válido los planteamientos de estudio de mercado, comportamientos de las personas y aspectos financieros estudiados para generar un plan de negocio, y más, cuando el comportamiento del sistema es tan cambiante y tan afectado por cambios radicales de la red y económicos.

 

Estoy convencido que la durabilidad del desarrollo de cada uno de nuestros negocios está cada vez más afectado por los cambios no sólo en los aspectos que tradicionalmente afectaban sino por otros muchos aspectos, sociales, políticos, económicos o tecnológicos. Y que estos cambios son casi imposibles de controlar ya que se producen tan rápidamente que apenas podemos estudiarlos de manera estable. Por otro lado la implantación de nuevos modelos de negocios se hace de forma tan efímera que el factor sorpresa cada vez es menos indicador del comportamiento de las personas. Por poner un ejemplo, actualmente estoy desarrollando un modelo de negocio de drones en agricultura que sólo hace unos meses causó un gran impacto en el sector agrícola pero que en poco tiempo después, apenas es sorprendente y está instaurado de forma corriente en la zona.

 

Realmente creo que el entramado empresarial de un país desarrollado como España y su nivel de emprendimiento es lo suficientemente fuerte para generar ideas que nos sirvan en un futuro. Pero lo que no tengo tan claro es que las instituciones políticas dejen volar la imaginación y el desarrollo de las ideas como debe ser para crear nuevos modelos de negocio que den respuesta a las necesidades futuras. Y es que estoy llegando a una conclusión que todavía no tengo definida pero que creo no me equivoco. El principal aspecto que frena al punto de imaginación para crear modelos futuros son las instituciones políticas , ya que están ancladas en modelos antiguos que generan estabilidad en sus estatus pero que para nada son buenas para el desarrollo del emprendimiento.

Las grandes empresas o grandes grupos empresariales pueden que intenten frenar ese aspecto debido a lo que se juegan en el mercado, y jugadas como la economía colaborativa la temen, pero antes o después buscan la fórmula para que o bien compran el modelo de negocio o bien desarrollan el suyo propio. Llegando a conseguir estrategias y sinergias magistrales, como por ejemplo lo ha hecho Mercedes con Mytaxi.

Pero las instituciones políticas no es que no sean un aspecto que no ayude a generar negocios en los paradigmas futuros, que eso realmente nos debe dar igual, en la mayoría de las ocasiones ni interesa. El problema surge cuando además de no ayudar se convierten en una barrera impresionante para que las empresas se puedan desarrollar los negocios futuros, y este freno hace que muchas de las ideas mueran simplemente porque no son aceptadas e incluso pueden llegar a ser discutidas como mejora de la sociedad.

 

Hasta ahora creía que las instituciones políticas estatales podían hacer daño en este sentido, pero nunca había caído que las instituciones locales podrían hacer lo mismo. Y efectivamente en los últimos meses me he dado cuenta que las instituciones locales o regionales pueden ser el freno que no espera los emprendedores para desarrollar sus ideas que mejoren el futuro. Esta circunstancia hasta hace tan sólo unos años no era tan significativa porque los cambios geosociales y tecnológicos no eran tan acelerados como actualmente pero ahora sí lo son, porque entre otras aspectos generan situaciones insólitas basadas en lo que en un pasado sí que pudo funcionar.

Concluyo pues que el reto de la nueva política y de los nuevos políticos no están en cambios de imágenes supuestamente modernas, ni en la selección de nuevos ministros con muchas carreras y doctorados. El reto de las instituciones está en cómo crean políticas para que los empresarios, emprendedores e innovadores puedan buscar fórmulas y modelos de negocios basados en el futuro y no en el presente, y para ello deben ser conscientes que deben romper muchas barreras ancladas en el pasado o fórmulas antiguas.

 

 

 

 

 

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