Hay una charla Ted de Noreena Hertz, que habla de el por qué tenemos que empezar a dudar y preguntarnos continuamente sobre las decisiones o afirmaciones de los considerados expertos en una materia determinada. La primera vez que la ves no piensas en ello, pero a medida que  analizas la charla te das cuenta que ella misma se está considerando una experta sobre ese mismo tema . Una paradoja curiosa que te hace pensar y mucho sobre el tema. En los últimos años de mi etapa como docencia principalmente en escuelas de negocios,  me he ido dado cuenta que la clave del aporte docente tiene que estar basado en el descubrimiento por parte de los alumnos y de la fuerza que ellos mismos tienen para llevar a cabo las ideas. La participación espontánea y basada en experiencias propias es lo que hace enriquecer una clase. Aportar herramientas para que así sea es a lo que debo limitarme yo como profesor. El poder de la comunicación pues debe estar basado en la participación, experiencias y democracia de las ideas, por lo menos así lo pienso yo, porque en estos momentos vuelvo a entrar en esa misma paradoja y estoy  sentenciando una idea que puede ser debatida.

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Pensando en ello y uniendo ideas, estoy leyendo en varias fuentes de información que los «influencers» son claves en el marketing digital para este año y los venideros. De hecho me consta que el propio Amazon está tirando de sus propios «profesional reviewers» con la intención de mejorar las ventas de los productos vendidos en su pataforma. Plataformas de hoteles, webs de todo tipo, periódicos y redes sociales coorporativas están obsesionadas por tener opiniones positivas que les haga subir sus ventas. Es posible que esta moda tenga todavía un recorrido de unos meses pero tiene los dias contados. Una de las claves de la red es la imposibilidad de controlarla y al igual que existe la figura de los «influencers» están empezando a revindicarse ciertos clientes que ven claramente donde está el juego y lo expresan. El poder de los «influencers» está basado no en la experiencia del producto sino en la capacidad de llegar a más gente por determinadas circunstancias. Un blog por ejemplo no se le mide por su calidad, se le mide por sus seguidores o por el movimiento en las redes sociales, un periódico o una cadena de televisión se la mide por su audiencia y no por su calidadde igual manera, y esta circunstancia pasa con gran parte de los medios  de comunicación con los que contamos. Es por ello que como estamos educados en esta idea un producto que podemos comprar de forma online, se le mide por sus comentarios y no por sus especificaciones o características. De hecho, Amazon por ejemplo, en su propia página estructura la presentación del producto dando más valor a los comentarios que a las características del mismo. Soy consciente de que tiene todo su sentido, pero ese sentido está basado en que los comentarios de los clientes eran espontáneos y en base a una experiencia real. Eso es lo que hacía a su vez que los comentarios tuvieran tanta fuerza en la conversión de venta, pero  si se empieza a manipular esa idea los comentarios empezarán a estar en el punto de mira de los posibles clientes y no los irá teniendo en cuenta por desconfianza a la realidad. Los «influencers» que generan comentarios y opiniones de productos o servicios son pseudo expertos que tiran por una marca hoy y mañana por otra sin problema y en base a lo que se le pague, se convierten en meros mercenarios de los productos. La carencia de principios en este sentido desvirtua tanto la situación, que la sociedad se está dando cuenta de esto y va a llegar el momento en que el hablar tan bien de un producto puede generar tanta desconfianza que se pierdan ventas.