Hay un común denominador que no deja de sorprenderme en las empresas y empresarios que voy conociendo, y que curiosamente apenas tiene inversión, aunque requiere tiempo para desarrollarla y sobre todo, tomar de decisiones, algunas de ellas difíciles no solamente por decidir sino incluso de plantear. Estoy hablando de estrategia, esa palabra que últimamente escuchamos e incluso llegamos a pensar en llevarla a cabo, pero que en muchas ocasiones la dejamos olvidada al centrarnos en resolver el día a día de nuestra empresa. Y es ese día a día precisamente el que no nos deja ver el futuro a corto o largo plazo y genera en nosotros una incertidumbre que incluso podemos llevarla al plano personal, tanto profesional como socialmente.

El hecho de conocer las líneas de cómo va a ir nuestro negocio en un futuro es un escenario al que no nos queremos enfrentar  por la cantidad de problemas que se me pueden plantear y decisiones que debo tomar, y por ello preferimos verlo desde una perspectiva más corta , esperar a cada momento y actuar en consecuencia a las situaciones que nos vamos encontrando.

En ciertos blogs que leo habitualmente, ( Businessweek  ) voy viendo  con bastante asiduidad la insistencia en que las pymes deben hacer su estrategia y tenerla clara ante los posibles entornos que nos vamos a encontrar en breve o en unos años. Y es quizás esa la idea principal para empezar a desarrollar una estrategia de nuestra empresa, primero, ser consciente de los posibles entornos que nos va a tocar vivir y cómo afectarán según el sector al que nos dediquemos.

Joan Magretta habló  hace unos meses de los errores más comunes que tienen las empresas a la hora de desarrollar la estrategia  Five Common Strategy mistakes y los encuadra en cinco puntos que sin duda son importantes a la hora de crearla:

> Confundir el marketing con la estrategia de la empresa.

 > Pensar que la ventaja competitiva de una empresa es igual a aquello que “hacemos bien”. 

 > Pensar que el tamaño importa, es decir, que sólo lo grande es rentable, innovador o potente.

 > Asumir que la estrategia es crecer.

 > Pensar que lo estratégico es vender en mercados de “alto crecimiento” y asumir que sólo en ellos es donde está el dinero. 

 Estas ideas son claves y las describe a mi entender de una manera muy práctica y simple lo que debemos no hacer y que podemos hacer cuando estamos cometiendo errores. Pero reitero mi insistencia que quizás el error no está en poner en práctica lo hablado, sino en cómo  llegar a ese punto, tomar la decisión de generar una estrategia, de pensarla, y sobretodo de llevarla a cabo, no sólo describirla, sino realizarla, y si no lo hacemos así, es porque nos da miedo enfrentarnos a una situación que no es la que estamos habituados normalmente, y no nos queremos mover de la zona de confort que nos permite vivir con cierta incertidumbre la situación actual.


Al igual que Joan Magretta nos dice lo que no debemos hacer, voy a exponer varios puntos que debemos tener en cuenta para pensar cómo crear nuestra estrategia.



 > Estudiar el entorno en el que mi producto va a ser vendido y cómo afectará la situación actual a ese entorno ( político, social, económico y tecnológico)

> Nuestra ventaja no son nuestras fortalezas, sino quién soy yo respecto a las oportunidades del entorno hablado.


> No inviertas en marketing sino has invertido anteriormente en producto, y no inviertas en producto si no has invertido previamente en modelo de negocio.


> Piensa siempre en el cliente, y en la participación que va a tener este en el proceso de venta, o incluso en el planteamiento de la estrategia.


> Sé consciente que hay empresas que cubren tu misión, estúdialas y diferénciate.



Una vez desarrolles tu estrategia debes mantener todos los platillos chinos en el aire, nunca dejar que se caigan, no vale dejarlos caer, y si se caen de forma involuntaria,  ten definido cuál platillo ha sido y centrarse en volverlo a tener el aire.