Cualquiera que lea el título pensará que parece más un nombre para una tesina doctoral que el título de un artículo, ( tengo claro que no me va a posicionar nada), pero sinceramente no sabía como titular este post  relativo a una  idea que llevo trabajando y analizando ya cerca de dos años y de la que cada vez estoy más convencido.

En múltiples y variadas carreras universitarias se estudia por una u otra razón la pirámide de Maslow y cómo éste da prioridad a la consecución de nuestras necesidades como seres humanos en la sociedad. Esta pirámide marca claramente, y así ha sido a lo largo de la historia de la humanidad cuál es la necesidad primordial y cuáles le siguen una vez cubierta la que es base de ésta última, de tal manera que marca una jerarquía de necesidades sociales. Aunque  algunos autores han criticado la teoría, lo cierto es que se ha mantenido muy considerada desde que se publicó en 1943.

No estoy en contra en absoluto de la pirámide de Maslow y de hecho, la comprendo y comparto casi en su totalidad, pero una cosa es que la pirámide muestre lo que siempre ha sido necesario para el desarrollo óptimo de la humanidad y otra cosa es que en ciertas generaciones de la sociedad la Teoría de Maslow esté perdiendo todo su sentido y llega casi a invertirse influenciada por cambios en valores de la sociedad. Todavía no estoy seguro que esta inversión sea total sino que hace retrasar el orden adecuado, y esto está haciendo que lo hábitos de consumo se sientan afectados y creen un desorden que en muchos casos provocan cambios de tendencias y movimientos no sospechados en los estudios de mercado.

Y es que si dividimos la pirámide en dos grandes bloques, podemos ver que hay unas necesidades primarias de base y sobre ella están las que se refieren a la pertenencia a grupos sociales. Estos dos grandes grupos son los que en las generaciones más jóvenes de nuestra sociedad está inviertiéndose a pasos agigantados. Las nuevas generaciones son mucho más sociables que las anteriores, el valor del dinero no es tan importante y la sociedad se está concienciando que el ahorro es imposible y el trabajo es inestable, y que seguramente sea inestable durante muchos años. En este paradigma los grupos más altos de la pirámide están cogiendo mucha fuerza y además están siendo acompañados de las herramientas óptimas para conseguir que esto se consiga. Gracias a las redes sociales el ser humano tiene más fácil que nunca pertenecer a un grupo y no ser discriminado porque es elegido por él, si por culpa de éstas redes se está perdiendo el factor humano de la comunicación directa es otro tema, pero sin duda la palabra “grupo”aparece en miles de acciones que hacemos a lo largo del día, grupos de Facebook, grupos de Whatsapp, círculos de Google o paneles de Instagram. Este interés por pertenecer a un grupo y sentirse querido está siendo cada vez más fuerte, además  socializa que la situación de no ahorro o mejora de nuestros ingresos y que puedan provocar mejora en nuestra calidad de vida sea menos importante que la propia pertenencia a un grupo y creo que durante aún mucho tiempo esta idea que plasmo va a ser  predominante entre nuestras generaciones más jóvenes y venideras.

Es por ello que en la estrategia y marketing de nuestras empresas debemos tener en cuenta esta jugada y acercar nuestro producto o servicio canalizándolo de forma distinta a la tradicional en las nuevas generaciones, basando los canales de ventas en la generación de un marketing de relación con el cliente y no en un flujo directo de producto cliente. Este flujo debe basarse en hacer partícipe al cliente en el proceso de venta y que nuestra marca o producto se convierta en un usuario más de la red dónde está nuestro cliente en particular y participar con él en las actividades que se planteen, es por ello además que la individualización de los clientes va a ser fundamental en el marketing que vamos a afrontar.