Tal día como hoy hace ya 4 años (5 de octubre) nos dejó Steve Jobs, creo que siempre recordaré la fecha exacta porque es mi cumpleaños. Entre las cosas que en este mismo momento me rodean escribiendo este artículo hay 5 elementos encima de la mesa que fueron diseñadas por Apple estando él vivo, pero escribo en un iMac que tiene instalado desde ayer la última versión del sistema operativo “Os x” y que han llamado “El capitan”, que sin duda creo que está bien elegido, porque al igual que le dan una patada al diccionario, es quizás la mejor manera de definir  lo que están haciendo en Apple desde hace un tiempo acá: más de lo mismo, sin crear sorpresa ni belleza.

Apple está cayendo en las garras del empeño por crear innovación basada en la tecnología y no en lo que no dejaba dormir a Steve Jobs, que era la obsesión por crear cosas bellas. Las razones a esta situación pueden ser infinitas, pero lo que tengo claro es que en la compañía de la manzanita alguien está perdiendo “el tino”, y esa persona o personas son las que sustituyen a Steve Jobs, cuidado, no digo jerárquicamente, sino ideológicamente. Nombrar a un sistema operativo con un nombre en español, y no tildarlo es como llamar “Ipone” a su teléfono inteligente.

En su ya famoso discurso de Standford, Steve Jobs hace un repaso a los tres puntos que más le afectan para crear Apple y uno de ellos son las clases de caligrafía que recibió de forma casual en la universidad. Habla de la caligrafía y la belleza de ésta como clave en el desarrollo de lo que luego sería las formas de las palabras en su ordenador y cómo esta idea es clave para crear un todo que acompañe a esa escritura. La propia compañía en una de las últimas campañas publicitarias nos reta a descubrir “cuál es nuestro verso” apoyándose en la gran película “El club de los poetas muertos”, y básicamente eligen el momento de la película dónde se explica la importancia de la poesía frente a las ciencias y que nos hace ser realmente personas, pero veo que ellos mismos no hacen mucho caso a su campaña publicitaria.

Por qué viene está situación como he dicho puede ser por muchas razones, pero nosotros tenemos ahora que encargarnos de explicar a nuestros hijos que capitán se escribe con tilde y que no sólo eso, sino que nuestro lenguaje, se rige por unas reglas fundamentales y que no debemos perder nunca pese a que la tecnología lo intente de forma inconsciente y muchas de las personas que rodean a la tecnología o a su aprendizaje lo hagan de forma consciente.

El intento de algunas personas más o menos influyentes en esto de la tecnología están obsesionados por darle más importancia de la que tiene y es simplemente ridículo, obsesionarse con la educación basada en tecnología no es sólo ridículo sino contraproducente para la sociedad. Quitar horas de la educación de los colegios basada en las asignaturas claves como la música, matemáticas, lenguaje o educación física para meter más horas en tecnología y ordenadores y tabletas es un sinsentido que van a pagar en un futuro y que ya están pagando las generaciones más jóvenes. La tecnología debe ser una herramienta que nos ayude a comunicarnos y a desarrollarnos, pero nunca puede sustituir a los valores fundamentales de la educación y el aprendizaje. Hacer caso a personas que creen saberlo todo en educación porque dan clases en escuelas de negocios o porque han conseguido en su blog 50.000 seguidores es quizás lo peor que podemos hacer para guiarnos en la educación de nuestros hijos.

Steve Jobs en ningún momento perdió esa idea y consiguió mantener una filosofía basada en la belleza y la simplicidad de las cosas que hizo llevar a sus productos a dónde hoy en día están, pero tengo la sensación de que algunas personas están perdiendo ese camino y puede que ese principio rija en su filosofía, creando  productos por crear basados en tecnología y no en otra cosa, si lo hacen así, adelante, pero que no intenten demostrar a las personas que escribir “El capitan” sin tilde no tiene importancia y que es un símbolo de prepotencia o es el nombre pared de una montaña, porque es precisamente esa prepotencia con la que muchos están intentando demostrar que la tecnología es más importante que todo lo demás y eso no es así.